12 pensamientos que cambiarán tu vida

Todos llegamos a este mundo sin saber nada, pues es la vida quien se encarga de irnos enseñando poco a poco lo bueno y lo malo y muchas cosas más.

Para que puedas avanzar tendrás que sacar lo positivo de tus equivocaciones y nunca desistir de tus metas hasta alcanzarlas. Las experiencias positivas te acompañaran siempre en tus pensamientos pero nunca deberás olvidar las negativas que de alguna forma te enseñaron algo

Te comparto 12 pensamientos que cambiarán tu vida:

1. Puede que la vida te ponga muchos tropiezos en el camino pero lo más importante es que sigas tras tus metas hasta que sean una realidad. Todo depende de tu esfuerzo.

2. Deja a un lado tus miedos y mira solo hacia adelante, pues lo detrás ahí se debe quedar en el olvido.

3. Ten siempre presente de dónde has salido porque eso te ayudara a recordarte a donde quieres ir.

4. Debes sembrar lo correcto para que en un futuro puedas recoger los frutos que te harán ser una mejor persona.

5. La gente podrá decir muchas cosas de tu persona que no deben tener importancia para ti; lo que vale es que tu sepas quien eres.

6. No existen imposibles en la vida, con dedicación y empeño puedes hacerlo realidad. Ve tras tus metas.

7. Si basas tu vida en mentiras lo único lograras es que las personas no crean en ti y el único que terminara perjudicado serás tu.

8. Dicen que el tren pasa una sola vez en la vida de cada persona; piensa bien las cosas y no lo dejes escapar pues nadie te asegura si pasara de nuevo.

9. No siempre es importante ganar un juego, lo más importante es saber concursar y aceptar con humildad los resultados.

10. Puedes conseguir el perdón de las personas pero eso no quiere decir que lo hayan olvidado. Se tu mismo y no dañes a los demás.

11. Aquellas personas que estuvieron a tu lado cuando más las necesitaste, son aquellas que te acompañaran por el resto de tus vidas.

12. Vive tu presente y no recuerdes el ayer ni pienses en el mañana.

Con aprecio. Victor.

La telaraña en la cueva

Dicen que una vez un hombre era perseguido por varios malhechores que querían atracarlo. El hombre entró en una cueva. Los malhechores empezaron a buscarlo por las cuevas anteriores a la que él se encontraba.

Con tal desesperación elevó una plegaria al Creador: «Dios Todopoderoso, haz que tus ángeles bajen y tapen la entrada, para que no entren a matarme».

En ese momento escuchó a los hombres acercarse a la cueva en la que él se encontraba, y vio que apareció una arañita. La arañita empezó a tejer una telaraña en la entrada. El hombre volvió a elevar otra plegaria, esta vez más angustiado: «Señor te pedí ángeles, no una araña.»

Y continuó: «Señor por favor, con tu mano poderosa coloca un muro fuerte en la entrada para que los hombres no puedan entrar a matarme».

Abrió los ojos esperando ver el muro tapando la entrada, y observó a la arañita tejiendo la telaraña.

Estaban ya los malhechores entrando en la cueva anterior y el hombre se quedó esperando su muerte. Cuando los malhechores estuvieron frente a la cueva, ya la arañita había tapado toda la entrada.

Entonces se escuchó esta conversación:

– Entremos en esta cueva.

No. No hace falta.

¡Mira, hay una telaraña! Es imposible que haya podido entrar en esta cueva sin romperla. Sigamos buscando en las otras.

Pedimos cosas que desde nuestra perspectiva humana son lo que necesitamos, pero Dios nos da aquellas pequeñas cosas que se pueden volver grandes.

A veces pedimos muros para estar seguros, pero Dios en cambio nos pide confianza en Él, para dejar que su poder se manifieste y haga que algo como una telaraña nos de la misma protección que una muralla.

Si has pedido un muro y no ves más que una telaraña, recuerda que Dios sabe lo que realmente necesitamos. Confía. Con aprecio. Victor.

El barquero y el sabio

Una vez, cierto sabio muy dado a celebrar su propia ciencia tu­vo que cruzar en bar­ca un largo y hermo­so río. Mientras recorría con la mirada el agradable panorama a su alrededor, mantenía una amena charla con el ale­gre y simpático barquero que remaba al frente suyo con vigor y destreza.

–Y dime, joven amigo, ¿sabes al­guna cosa?

–¿Yo? Sé remar, nadar y rezar.

–Pero, ¿no sabes nada de Filoso­fía?

–Nunca escuché hablar de eso.

Y siguió preguntando el sabio:

–¿Y estudiaste Física?

–Tampoco– contestó riendo el humilde remero.

–Ah, entonces perdiste dos cuar­tos de tu vida.

Volviendo a la carga, el sabio hi­zo una tercera pregunta:

–¿Ya aprendiste Matemáticas?

–No.

–¿Y Astronomía? ¿O Gramáti­ca?

A cada pregunta, el pobre bar­quero daba siempre la misma res­puesta:

–¡No!

–Entonces, mi buen amigo, has perdido ya tres cuartos de tu vida.

Navegaban así, distraídos en su conversación, sin notar que la bar­ca avanzaba con rapidez hacia unas rocas. Se produjo un choque violen­to, la barca se rompió y empezó a hundirse. La orilla todavía estaba bastante lejos… El barquero, que sabía nadar, se arrojó al agua sin la menor vacilación, luchó contra la fuerte corriente y logró llegar sano y salvo la ribera opuesta.

Pero las cosas tenían otro color para el sabiondo. Miraba aterrori­zado ya el agua, ya la orilla, sin sa­ber qué hacer para salvarse.

Le gritó entonces el barquero, exhausto pero seguro en tierra fir­me:

–¡Señor filósofo! ¿Sabe nadar?

–¡No!

–¡Entonces rece!

–¿Rezar? ¿Rezar qué? ¡No sé!

El sabio, desesperado, se hundía junto a la barca mientras oía a lo le­jos un último consejo del humilde e inculto remero:

–¿Se da cuenta? ¡En el apuro no le sirvieron de nada sus astronomías y filosofías!

Lo que sucedió con el pobre sa­bio sucederá también con todos cuantos se vanaglorian de su real o presunta ciencia. Nunca menosprecies a nadie pues no sabes lo que al otro ser humano la vida le enseñó y que esta te puede sacar de apuros al ser empático y humilde con dicha persona. Con aprecio. Victor.

Si no se abrió, no era tu puerta

No te sientas mal mi reina bella, muchas veces creemos que esa puerta «por fin» se abriría para ti y se vuelve a cerrar o quizás realmente nunca se abrió. ¿Sabes algo? La felicidad en tu vida no tienes que buscarla afuera, empieza por amarte a ti primero, te aseguro que sólo así acuñaras aquella llave que podrá abrir esa puerta, esa puerta que tu misma atraerás.

Si, ya se que estás cansada de estar sola y el tiempo avanza sin parar, pero recuerda que tu vida es realmente maravillosa como para forzar o tratar de romper una puerta que está cerrada para ti.

Quizás dentro de esa puerta te esperaban momentos nada agradables. Recuerda que todo sucede para algo y no por algo. Así que ahora levántate y primero trabaja en ti. Yo aquí te estaré esperando. Con aprecio. Victor.

Decir adiós

Cuando una relación de pareja llega a su fin, no hay nada como meditar en lo vivido. Muchas veces vendrá a tu mente el deseo de volver, querer que otras personas intervengan y ayuden a que esa persona regrese, y si eso pasa será solo una ilusión pasajera, pues lo que no es para uno, déjalo que fluya.

Decir adiós es difícil, pues entregaste de todo y no fuiste correspondida en la misma manera, pero déjame decirte que era la mejor decisión, si de pronto piensas que tus hijos sufrirán te diré que ellos estarán mejor en un hogar fuera de discusiones y maltratos. Estoy seguro que su ausencia puso en llanto tu corazón, y que pasaste muchas noches llorando en tu almohada. Si ya diste todo de ti para solucionar sus desacuerdos y aún así no logras estar en paz, es el momento de decir adiós.

No me importa tu pasado, sólo tu presente que es efímero pero con ganas de lograr esa paz en tu corazón, amar y ser amada. Suelta de una vez a esa persona de tu alma y empieza a vivir y no sobrevivir. Pero no te vayas sin darle las gracias, si, las gracias por los lindos momentos vividos y a pesar de todo no guardes rencor, pues amaste desde la perspectiva equivocada llamada apego, pero el apero del malo. Con aprecio. Victor.

Jamás le digas a una mujer que no puede

Jamás le digas a una mujer que no puede!

Nunca le digas a una mujer que no puede hacerlo. Recuerda que sólo ella ha podido bailar con dos corazones. Sólo ella ha respirado con cuatro pulmones. Tan sólo ella ha podido llevar en su vientre el peso de dos mundos, y ha parido la vida a gritos. No le digas que no es capaz de algo porque es capaz de todo. Con aprecio. Victor.