La Honestidad en la Política


La honestidad implica coherencia entre lo que digo y hago, si mis vecinos perciben que esto no se está cumpliendo se están experimentando fallas graves. La gente valora a alguien honesto cuando lo ve. Entre otras cosas porque en estos días las personas honestas parecen que están en vía de franca extinción.

Ya estamos hartos de la frase “me vieron la cara”. A nadie le gusta que lo tomen por alguien ingenuo, señores basta de fingir el verdadero motivo que los lleva a la política, no deseamos más de lo mismo. Brindemos lo que desean nuestros vecinos como es la Honestidad. Lo poco o mucho que esté brindando, bríndelo bien, que el pueblo se quede satisfecho de haber hecho una buena elección.

La deshonestidad no tendría ningún papel en un mundo en que imperara la realidad y estuviera habitado por seres humanos plenamente conscientes. Desgraciadamente, debemos de convivir con la deshonestidad. Los humanos, abrigamos una variedad de tendencias e impulsos que no armonizan espontáneamente con la razón. Los seres humanos necesitan práctica y estudio para convertirse en personas benévolas en las que retomar la chispa divina de la que emergimos. En ese intento hacen muchas cosas que la prudencia les aconseja ocultar. Mentir es una “fácil” herramienta de ocultamiento y, cuando se emplea a menudo, pronto degenera en un vicio que arrastra hacia lo contrario.

Cuando uno ha disfrutado de un servicio de calidad no lo piensa dos veces para sugerirlo a otra persona. De igual forma cuando se ve honestidad en las palabras de un político, esta honestidad servirá para servir al pueblo.Y sí. Definitivamente la honestidad hace parte de la calidad.

Nada más dañino para un político que la mala imagen que proviene de la deshonestidad. Esto se convierte en una bola de nieve, en un voz a voz interminable de personas insatisfechas y hartas que les vean la “cara de tontos”. Si se obrara con honestidad este tipo de inconvenientes o reclamos no serían una constante persistente para muchos politicos y en nuestra sociedad.

Vecinos y amigos nuestro país necesita urgente un gran cambio en los actores políticos, donde la honestidad sea el componente de la dignidad de todo pueblo, donde el respeto sea el componente ideal de toda obra. Pareciera que no se gana siendo honesto. La verdad, si no se es, se pierde demasiado.

¿Cómo se cultiva la honestidad? Como la mayoría de las virtudes, conviene desarrollarla y ejercitarla en armonía con las demás. Cuanto más se ejercita, más se convierte en una disposición afincada. Pero hay una respuesta rápida que se puede dar en tres palabras: tomarla en serio. Se debe reconocer que la honestidad es una condición fundamental para las relaciones humanas, para la amistad, para la auténtica vida comunitaria. Pero se debe tomar en serio por sí misma, no “como la política más conveniente”. Hay una gran diferencia entre tomar en serio la verdad y no dejarse pillar. Los padres a menudo decimos “que no te pille de nuevo”, y es comprensible, pero una vida buena y honesta es más que eso. El desarrollo moral no es un juego de “píllame si puedes”. Conviene concentrarse en lo que importa de verdad, la clase de persona que uno es, y la clase de persona que uno quiere ser. No hay medias tintas con la honestidad.

YA ES HORA DEL CAMBIO!!!

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