La suerte…¿Existe?


Me dejaré llevar por la picazón intelectual de intentar un ensayo acerca de la suerte y mis breves 37 años con ella y sin ella, para auto-despejarme la duda, mientras las palabras caen en el lienzo digital. De paso que me inspiro y practico lo que hace tiempo no hago: escribir para escribir.

La suerte es una construcción probabilística, dicen aquellos que todo lo visualizan como parte de una teoría (grupo disforzado en donde me incluyo con rubor y felicidad). Muy “probablemente” no se equivoquen. De hecho, ante cualquier evento en este planeta (y en el universo), existe una probabilidad de ocurrencia. La ocurrencia es inherente al tiempo, pues los eventos son movimiento, acción, o lo contrario, por supuesto.

¿Podemos decir que la ocurrencia probabilística, aleatoria, en libertad, sin intromisión: conlleva suerte?

Para ello tendríamos que seguir rondando alrededor de unas cuantas palabras más, creo yo.

Primero diremos, que los eventos en sí mismos, pueden ser positivos o negativos, buenos o malos. Que existe una dimensión bajo la cual, lo bueno y lo malo podría perderse en una hiper delgada separación (según la percepción humana que se apropie del juzgamiento correspondiente) y que muchos coincideremos en que dado el efecto de lo que la mayoría conoce como “malo”, un evento X objetará “mala suerte” cuando se rodee de “algo malo” y expresará o implicará “buena suerte” cuando se baile un festejo de esos con cajones y palmas, contorneándose abrazado de lo bueno. Y aunque a mi me queda aún, la pequeña duda, cuando examino la idea en el largo plazo, creo que más o menos, la suerte está más vinculada, en efecto, con eventos positivos. Y tan solo añadiré que para “limar la idea”, bien podríamos quedarnos con un significado interesante para Suerte, que podría parecerse a éste:

“Ocurrencia probabilística de largo aliento, persistente alrededor de lo positivo”.

Imagino entonces, que, detractores o no, aceptarán que cualquier cosa que deja de ser cosa, pues ya no lo es, cierto? Así que la definición lograda, humildemente, al margen de ser o no verdad, me parece consistentemente lógica.

Ahora daremos un pequeño gran paso. 

¿La suerte es inherente a las cosas? ¿o lo es hacia los seres humanos?

Cuando sorprendido y colmado, descubrí la “argumentación” como “afán de tercos eruditólogos”, habían transcurrido tan sólo 3 segundos luego de haber leído algo como ésto: basta que algo se pruebe en contrario para que lo contrario, sea válido. Claro, esto ocurrió hace cuchumil años, algo de 15 creo, pero qué “suerte” tengo de acordármelo justo ahora, para deleitarme con su uso, cuando sinceramente pensé que jamás me sería útil.

Así que diré:

La suerte no es una cualidad de la silla donde estoy sentado, tampoco de la computadora que utilizo para escribir. Las cosas no se “contagian” de suerte. Pero, si lo opuesto a una cosa, es la vida, y por ende un ser vivo, entonces ¿los seres vivos podrían tener, adueñarse, ser contagiados, tocados, o como mínimo, rosados con alguna energía nanométrica de suerte? ¿O no? ¿Tienen suerte los animales? ¿Los insectos? ¿El agua? (ey basta!) La suerte la tienen sólo los seres humanos, fundamentalmente, por que la suerte es un concepto humano. Y eso significa una sola cosa a modo de conclusión inmediata: los eventos, entonces, se limitan, sólo al ámbito humano.

Corregimos un tantito por aquí y tendremos:

Suerte:

“Ocurrencia probabilística de largo aliento, vinculada a seres humanos y a sus eventos, persistente alrededor de lo positivo”.

(“Mala Suerte” cambiará “positivo” por “negativo”)

Pero aún quedan algunos pasos más antes de abandonarme al sueño (que por cierto es más fácil de definir).

El primero tiene que ver con identificar si la suerte “aparece” o no.

Como hemos visto, la suerte no es la que aparece en escena, ese desliz, lo comete el “evento” y antes de que algo se “califique” como generador de suerte, un ser humano estuvo allí para ser testigo. También hemos examinado que el evento lleva en sí mismo, el componente de lo bueno o de lo malo, y entonces, esta vinculación con lo humano, nos ayuda ahora a reconocer que lo más parecido a la Suerte (como concepto y realidad) tiene pinta de “connotación”, de “visión”, de “filosofía” para darle un significado adicional, a esa ocurrencia probabilística vinculada a eventos diversos en nuestro mundo, por parte de mentes diversas, también en nuestro mundo.

Entonces, la Suerte no aparece, si ese “algo” (evento) no nos permite realizar las evaluaciones pertinentes.

Añadiremos por lo tanto que la “Suerte” es:

“Ocurrencia probabilística de largo aliento, vinculada a seres humanos que agregan una “forma de ver, sentir y pensar” a sus eventos, persistente alrededor de lo positivo”.

Este último razonamiento, ahora que lo leo y releo, me hace ver que esa connotación es entonces “asignada”, no “originaria”, que es el ser humano quien a través de su cosmovisión quien le otorga valoración, “mala suerte”, “buena suerte” pero que en términos prácticos, demuestra entonces que no es una entidad viva por si misma, sino un complejo sistema de clasificaciones, valoraciones y percepciones, vinculadas al ser humano y su vida propia.

Conclusiones:

1. Supongo que así como basta que 1 ser humano considere a la suerte como un tipo de bien mental (por lo tanto existente desde el punto de vista racional y probabilístico), también podría existir, sin duda, alguien que considere que esa “Suerte” no existe. Justamente, la Suerte, aparece o desaparece gracias a la intervención humana sobre la visualización de sus eventos.

2. La suerte ayuda a ver algo como positivo o negativo, al margen del hecho en sí, basándose en connotaciones y asignación de conceptos a los eventos humanos relacionados con personas que los viven o experimentan.

3. Un evento, se vuelve humano, desde el momento en que un ser humano lo interpreta, a pesar de que no forme parte de sus actores principales o gestores directamente relacionados. Por lo tanto asignar suerte a cualquier cosa, también es posible finalmente.

 

Sergio González Marín (Gerente de Marketing Red)

Columnista Colaborador de VictorZegarra.net

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