Desde una mirada psicológica, la infidelidad en la mujer no puede reducirse a un simple acto de traición o falta de valores. Es un fenómeno complejo que suele estar vinculado a necesidades emocionales no satisfechas, conflictos internos no resueltos y dinámicas relacionales deterioradas.
Durante mucho tiempo se sostuvo el mito de que el hombre era más propenso a la infidelidad por razones biológicas y la mujer por razones emocionales. Sin embargo, la realidad es más profunda: cuando una mujer es infiel, frecuentemente existe una fractura previa en la conexión afectiva. Puede tratarse de sentirse invisible, poco valorada, emocionalmente sola dentro de la relación o no escuchada durante largos períodos. La infidelidad, en muchos casos, no comienza en una cama, sino en un silencio prolongado.
También puede estar relacionada con procesos personales. Algunas mujeres atraviesan crisis de identidad, miedo al envejecimiento, necesidad de validación externa o búsqueda de reafirmación de su atractivo. Cuando la autoestima depende demasiado de la mirada del otro, la atención externa puede convertirse en una vía peligrosa para llenar vacíos internos.
No obstante, comprender no significa justificar. La infidelidad genera dolor, ruptura de confianza y heridas profundas. Psicológicamente, rompe el pacto implícito de seguridad emocional que sostiene a la pareja. La traición impacta tanto en quien la sufre como en quien la comete, porque suele venir acompañada de culpa, ambivalencia y conflicto interno.
Más que señalar culpables, es importante mirar el contexto:
¿Había comunicación real?
¿Existía intimidad emocional?
¿Se atendían las necesidades mutuas?
¿Había resentimientos acumulados?
La infidelidad, en muchos casos, es un síntoma de algo que dejó de funcionar mucho antes.
Trabajar estos temas en terapia permite entender las causas profundas, reconstruir la autoestima, redefinir límites y, si ambos lo desean, reconstruir la confianza. Porque más allá del juicio social, la infidelidad es una señal de que algo necesita ser mirado con honestidad, madurez y responsabilidad emocional.
Victor Zegarra.
Si estás atravesando una situación de infidelidad ya sea porque la cometiste o porque la descubriste, es normal sentir confusión, rabia, culpa, tristeza o una profunda sensación de vacío. Nada de eso te hace débil. Te hace humano.
Si hoy estás viviendo uno de estos momentos difíciles, no lo enfrentes en soledad. Buscar ayuda no significa que fracasaste; significa que estás dispuesto(a) a crecer.
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