Desde una mirada psicológica, la confianza es uno de los pilares más frágiles y, al mismo tiempo, más determinantes en cualquier relación significativa. Cuando ocurre una mentira, lo que se rompe no es solo la verdad de un hecho, sino la sensación de seguridad emocional: la creencia de que el otro es un lugar confiable donde puedo descansar, abrirme y ser vulnerable.
La mentira genera una herida profunda porque activa dudas internas difíciles de silenciar. La persona engañada no solo se pregunta qué fue falso, sino qué más podría no ser real. Psicológicamente, esto produce hipervigilancia, ansiedad relacional y una pérdida del sentido de estabilidad. No es desconfianza exagerada; es una respuesta natural del sistema emocional ante una traición.
Recuperar la confianza es posible, pero requiere tiempo, coherencia y un compromiso activo por parte de quien mintió. El arrepentimiento genuino no se expresa solo con disculpas, sino con una actitud constante de transparencia, humildad y responsabilidad emocional. Reconstruir la confianza implica aceptar que el otro necesitará explicaciones, paciencia y hechos sostenidos que respalden las palabras.
Desde la psicología relacional, la reparación comienza cuando la persona que mintió deja de defenderse y empieza a validar el dolor causado. Minimizar, justificar o exigir que “ya se supere” la situación solo profundiza la herida. La confianza no se recupera por presión, sino por consistencia.
Por otro lado, quien fue herido también enfrenta un proceso interno complejo. Debe decidir si está dispuesto a atravesar el miedo, la rabia y la tristeza sin perderse a sí mismo. Perdonar no significa olvidar ni volver al punto inicial; significa construir un vínculo nuevo, con acuerdos distintos y límites más claros.
Es importante reconocer que no todas las mentiras tienen el mismo peso ni todas las relaciones el mismo pronóstico. Cuando la mentira es reiterada, manipuladora o atenta contra valores fundamentales, la confianza puede no ser recuperable. En esos casos, el trabajo psicológico se centra en sanar la herida, fortalecer la autoestima y recuperar la confianza en el propio criterio.
Reconstruir la confianza es un proceso exigente, pero también profundamente transformador cuando hay honestidad, empatía y voluntad real de cambio. A veces, incluso si la relación no continúa, atravesar este proceso permite aprender a confiar de nuevo, sin cargar culpas ajenas ni renunciar a la posibilidad de amar con mayor conciencia y madurez.
Victor Zegarra.
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