Cada amanecer llega con la promesa de empezar de nuevo. No importa cuán difícil fue ayer, el sol se levanta igual, recordándote que aún tienes la oportunidad de escribir una historia distinta.
Te despiertas, respiras profundo y sientes el aire fresco entrar en tu cuerpo como una invitación a renacer. Las preocupaciones se disuelven poco a poco cuando decides mirar el día con gratitud.
Cada paso, cada palabra, cada gesto se convierte en una pincelada sobre el lienzo en blanco que te regala la vida. Tú eliges los colores: la paciencia, la alegría, la calma o la determinación. Y al final del día, cuando mires tu obra, sabrás que cada decisión que tomaste fue parte del arte de vivir con propósito.
Porque cada día, si eliges hacerlo, puede ser el más hermoso cuadro de tu existencia.

