
La infidelidad en una pareja es una de las heridas más profundas que puede sufrir una relación. Rompe la confianza, desequilibra el vínculo emocional y genera dolor, inseguridad y resentimiento. No se trata solo de un acto físico, sino del quiebre de un acuerdo, de una promesa implícita o explícita de exclusividad, respeto y cuidado mutuo.
Sin embargo, como todo conflicto humano, la infidelidad también puede ser una oportunidad para mirar hacia adentro y hacia la relación. Puede convertirse en un punto de inflexión: o marca el final de una historia, o el comienzo de una reconstrucción más honesta, consciente y madura. No es fácil. Requiere tiempo, diálogo profundo, compromiso mutuo y, muchas veces, acompañamiento terapéutico.
La solución no es borrar lo ocurrido, sino comprender por qué sucedió. Preguntarse qué faltaba, qué no se decía, qué heridas no se sanaban. El perdón, si llega, no es olvido: es la decisión de no seguir cargando con el resentimiento. Y si ambos están dispuestos a trabajar en la relación, la infidelidad puede transformarse en una dura lección que les enseñe a amar con mayor conciencia, responsabilidad y autenticidad.
Y si decides sanar, no tienes que hacerlo solo/a.
Un acompañamiento psicológico puede ser el primer paso hacia la claridad y aquí estoy para acompañar tus desafíos de vida.
Porque no todo lo roto se pierde. A veces, se transforma.
