
La ansiedad puede sentirse como un enemigo invisible: acelera el corazón, aprieta el pecho, nubla los pensamientos.
Nos hace vivir en el “¿y si…?” en lugar del “aquí y ahora”.
Es agotadora, confusa, desesperante.
Pero también es un mensaje. Una alarma interna que nos dice: “algo necesita atención”. No es tu enemiga, es tu señal.
Cuando la ansiedad se escucha, se comprende y se acompaña, deja de ser un monstruo y se convierte en una guía.
Con ayuda profesional, herramientas y autoconocimiento, puedes aprender a gestionarla. No se trata de eliminarla por completo, sino de transformarla.
La ansiedad no es el fin. Puede ser el principio de una nueva forma de vivir. Tú no eres tu ansiedad. Eres quien tiene el poder de comprenderla y sanar.
